Suite de la luna negra
A Ignacio Isaza Martínez
I
Gira
la negra,
gira
la luna,
gira
la negra luna,
gira
sobre sí propia,
gira
la negra
luna
de ebonita,
gira la negra luna de ebonita
—sobre sí propia— y canta:
—¡Bah! ¡Canciones! ¡Y músicas abstractas...!
Y, lo que canta, es la Música Viva!
II
Oye el Viaje de Invierno, de Franz Schubert,
y El Rey de los Alisos,
y El Doble y Ganimedes y Ante el mar,
y de Schumann, Amores de un poeta,
y de Duparc, Invitación al viaje
y La vida anterior...,
y de Chopin, Preludios y Nocturnos:
tú, soñador romántico; tú, doliente elegíaco.
III
Oye la voz serena,
la voz profunda óye
de Bach —añosa encina,
inmensurable selva, órgano él mismo y templo
de la harmonía—:
tú, sereno y profundo.
Y de Mozart el diáfano y sortílego,
y de Haydn y Franck, la cortesana
y la mística voz, inconfundibles,
tú, gustador de lo pulcro y etéreo.
IV
Los Cánticos y Danzas de la Muerte,
y Sin Sol, de Musorgski,
tú, angustiado, febril, hiperestésico;
y Borís Godunóv, Borís Godunóv, óye,
(bárbara gesta, miedo, sangre, lujuria y fausto)
tú, Sátrapa en los sueños...
V
Y, catador sutil de quintaesencias,
gústa la mediatinta debussyana,
pesquisidora de inusados timbres
y lontanos acordes,
en un dorado ambiente de calígine.
VI
Y, borracho de lumbres y colores,
óye, de Rimski, Antar y Xeherazada
y El Gallo de Oro —vértigo y lascivia—;
mas, si de ritmos ebrio, tú, frenético
danzarín, dánza todas las furias de Stravinski
—del sabio y del bufón mezcladas dósis—:
fino humor, ricos timbres, forma clara
(sobria, o en concertado cataclismo).
Vii
Y óye, en la noche, y en Tristán e Iseo,
la voz vigía de Brangane, plena
de lo fatal, o el corno quejumbroso;
si no los Funerales de Sigfrido;
o el Tránsito al Valhalla, milagroso tumulto.
VIII
Y tú, plasmado en bronce, los vastos himnos óye,
óye las soberanas sinfonías
con que la voz del Sordo el orbe nutre!
Las acendradas síntesis:
sonatas y quátuors, insólito prodigio, filtros puros:
la Misa en ré, misterio panteísta,
denso peán a la Naturaleza!
Y el trágico clangor de Coriolano...:
óye la voz del Indomado Prometeo,
óye la voz del Sordo, óye la voz del Sordo!
IX
Gira la negra luna,
gira
sobre sí propia,
gira la negra luna de ebonita,
gira
la negra
luna
de ebonita
—sobre sí propia— y canta:
—Bah! Ficciones! Y músicas abstractas...!
Y, lo que canta, es la Música Misma!