Relato de Sergio Stepansky

Juego mi vida! Bien poco valía! La llevo perdida sin remedio! Erik Fjordson

Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos
la llevo perdida...

Un mundo de nombres

Por Boris Akiba de Greiff Poveda

“Juego mi vida / Cambio mi vida / De todos modos la llevo perdida”, tienen que estar sin lugar a dudas entre los versos más célebres de León de Greiff. Con un tono a la vez desesperanzado y arriesgado, nos invita a preguntarnos sobre el azar y el sentido de la vida. Pero aparte de todo esto, nos abre las puertas a otra cosa: a un mundo que está dentro de otro mundo, al mundo de los personajes de su obra poética.

Para empezar, ya desde el título nos presenta a Sergio Stepanski. Por el nombre podemos deducir que tiene cierta ascendencia eslava, y esto nos lo corrobora la referencia a la estepa de su apellido. Se trata de Sergio de las estepas. ¿Será una referencia directa a la novela El Lobo Estepario, de Thomas Mann, o más bien un homenaje a los escritores rusos: Tolstoi, Dostoievski, Gogol, Turgueniev, Pushkin, que marcaron la literatura del siglo XIX y cuyas obras León devoró en su juventud? 

León ante estatua del poeta, dramaturgo y novelista ruso Aleksandr Pushkin
León ante estatua del poeta, dramaturgo y novelista ruso Aleksandr Pushkin
Fondo León de Greiff. División de Gestión Documental Archivo Central e Histórico, Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá

Sin embargo, antes incluso de empezar a deleitarnos con las andanzas de este hombre oriundo de las estepas rusas, podemos leer una cita de un tal Eric Fjordsson, al que los lectores podrían buscar incansablemente, y siempre sin éxito, en los anales de la literatura europea. Pues es Eric, el hijo de los Fiordos, con nombre y apellido de innegable tufillo escandinavo, pero no oriundo de Suecia, Noruega o Dinamarca, sino de la Escandinavia imaginaria de la mente del autor.

Junto a Sergio Stepansky y Eric Fkordsson van apareciendo y reapareciendo entre las páginas decenas de personajes, invitando a los lectores a terminar de dotarlos de una apariencia material.

Ya en 1918, cuando León de Greiff tenía 23 años, nos contaba que el loco Legrís, que no es otro que Leo Legrís, había recibido una pipa como regalo de Aldecoa, que es Matías Aldecoa. Y en 1921, y rimando con estos dos, hace su irrupción Gaspar, así:

Aldecoa, Leo
y Gaspar,
van diciendo versos
al mar,
van diciendo versos
al monte,
versos al mentido
horizonte,
y a la luna sola
y triste
que a la gente absurda
asiste.

Con la publicación del libro Variaciones alredor de Nada, que reúne poesía escrita entre 1930 y 1936, los personajes de  León de Greiff pierden definitivamente su timidez, y se nos presentan en profusión y frecuencia cada vez mayores. Es aquí cuando aparece Sergio Stepenaski, a quien ya conocemos, y le sigue poco después ese andariego paisa que lleva por nombre el de Ramón Antigua. Y como en avalancha encontramos enseguida a Claudio Monteflavo, al Skalde, a Diego de Estuñiga, a Gunnar Fromholdt, a Proclo, a Harald El Obscuro y a Guillaume de Lorges.

Pero con esta explosión de nombres de los años 30 no termina la sucesión de personajes. De hecho, seguirán apareciendo, tanto nuevos como ya conocidos, hasta los poemas de sus últimos años. Todos estos personajes, por supuesto, nos llevan a preguntarnos si están ahí por un simple capricho poético o sonoro, o si, por el contrario, cada uno tiene un carácter peculiar, y que es por esto que el  poeta los invoca sólo según las circunstancias de su inquietud creadora, como si cada nuevo personaje fuera en sí mismo un poeta singular, como una encarnación ajena al mismo autor.

En todo caso, capricho o desdoblamiento poético, es tarea nuestra, como lectores, descubrir quiénes son, de dónde vienen, cómo se ven y qué podrían representar.

Relato de Harald El Obscuro

Oh playas verdeantes de algas marinas, sobre
las guijas de estridente diamante y flavo cobre.
Oh piélagos preñados de la cálida voz de las sirenas.
Oh piélagos que nutre denso susurro: —trenos

Don Lope de Aguinaga

A José y a Francisco Umaña Bernal

Fazañas imposibles obré con esta daga,
al favor de la noche y en trágicos suburbios,
una vez que fuí pícaro...
Recuerdo —como en turbios

Relato de los oficios y mesteres de Beremundo

Yo, Beremundo el Lelo, surqué todas las rutas
y probé todos los mesteres.
Singlando a la deriva, no en orden cronológico ni lógico —en sin orden—
narraré mis periplos, diré de los empleos con que nutrí mis ocios,

Imagen de esta sección
Cosacos en la estepa
Cosacos en la estepaÓleo sobre lienzo de Sergei Ivanovich Vasilkovsky, ca. 1900

Museo de Arte Regional, Kherson (Ucrania)

Imagen disponible en Wikimedia Commons

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